Unos segundos después de hacer esta foto, Mateo se piñó de lado. Como una peonza, quiso girar los dos pies al tiempo, se le hicieron un ocho las piernucas y ¡zaca!, al suelo como un rey vencido. El daño físico fue mínimo, pero... como diría Guille: "¡No me duelen miz piez, me duele mi odgullooooo!". En el parque de al lado el suelo está más duro aún, pero el aire, más a mano. Mateo pilló el columpio de la izquierda: en el de la derecha estaba Ferrán impoluto, con el traje blanco de judo, cinturón amarillo. Cuando su madre le empujaba fuerte, él cerraba los ojos y, con el viento en la cara, gritaba: "Las nubes me hacen una tortilla francesa". Mateo se partía, supongo que sin entender ni papa... aunque cuando nos íbamos le pillé mirando hacia el cielo, como con hambre.



















