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Esperamos en la puerta del cole a que salga Mateo. Luc aprovecha para colonizar bancos. Pobre del que quiera sentarse un ratico.
-Mami, métete en la tienda.-No, que no quepo.-Sí, sí, antes has quepido... has quepado... quepe... Ven.
Llovían globos de punta. Amarillos y morados. Volviendo del cole, hicimos una parada aerostática.
O confían mucho en lo que les ponemos en los platos o hacen oposición a comer con los ojos. Ellos verán.
Así les dejé el otro día al irme a currar. Todo el trayecto en el metro pensando qué cuernos hacía yo yendo en esa dirección, en vez de volver a casa y meterme enre las sábanas y mis jikos.
No pasan dos minutos desde que el abuelo sale del salón hasta que los nenos recorren la casa en su busca (y captura). Él les enseña la guitarra, su caja de herramientas, videos de dinosaurios, y más de una vez es el único que consigue que coman lo que no iban a comer. También es su almohada cuando el cansancio les derrota y un payaso capaz de revolcarse por los suelos. Y les lee cuentos, como en esta foto. "Y cuando tienen caca, vienen a mí", dice la abuela entre celos y risas.