Cinco minutos después de llegar estábamos así. Luc durmiendo, los Jikos en la pisci, yo en la gloria, mirando antes de probar. La casa rurrrral (según Mateo). La Posada de las Tres Mentiras, Aldeanueva del Camino, Cáceres. La escapada. Por fin.















Namás llegar nos dijeron: "En vez de daros una habitación normal os vamos a dar esta suite, porque caben mejor las cuninas y los niños van a tener más espacio para jugar. Hay salidina directa al jardín. Y tal". Pues gracias. Espacio para romper, rasgar, perpetrar hecatombes. Luc llega a todo, Mato escarba todo. "Mamá, ¿me vas a hacer un desastre?", me dijo con gafas de sol robadas. Hubo un momento en que el Jiko y yo nos encontramos a la que huíamos...






Comimos "paloma" (ensaladilla rusa sobre corteza, mmhh) y mil cosas más. Al pagar, jaja, el monedero missing. El Jiko y Mato corren a la casa rurrrral, lo encuentran, vuelven, pagamos y salimos. Al entrar en el coche, mete niños, abrocha cinturones, coge gormitis, agua, ponme una peli, venga que nos vamos, ya dentro, marcha atrás y ¡chrgggrichasz! ¿Eign? El cochecito... atropellao. Lo intentó arreglar Paco, en la casa rurrral. Y quedó bien, pero no. Al día siguiente descubrimos que nos habíamos dejado en La Tapería la cámara de fotos. Mucha risa floja.
